miércoles, 30 de septiembre de 2009

15 DÍAS




15 días llenos de color. El verde, el blanco y el rojo de la bandera. El naranja, azul rey y el rosa mexicano en rebozos, vestidos pero también en paredes, ventanas y puertas. El color lo envuelve todo, hasta lo estático, llenándolo de vida y movimiento.

El remolino de casas, tiendas y edificios, enredados como una serpiente emplumada de vivos tonos. Las calles, onduladas, revestidas de un halo cálido. Como sus colores, como su gente.

15 días llenos de sonidos. Trompeta, violín y guitarrón tejiendo la bandera y acompañando al mes patrio. La marimba envolviéndote con las nubes que dejan sus notas. La tambora tronando en tu cuerpo haciendo inevitable que se muevan tus pies. La cumbia, con su acordeón y su cadencia pausada y sensual.

Cláxones impacientes, silbatos autoritarios y motores se mezclan con dulces palabras y voces atentas en la ciudad. Silencio Imponente en Teotihuacán y Tula. Un silencio que viene del más allá y que sólo lo rompe, de vez en cuando, el suave eco de una ocarina.

15 días llenos de sabores. Aguas de frutas, sabrosas como sus nombres. Tequila y pulque que calientan tu garganta. Lo salado de la escarcha de las micheladas o clamatos. Lo picoso del chile manzano o habanero. Lo dulce del Chipotle. O de las gelatinas. Lo agrio de la crema. Lo amargo del limón.

Combinaciones explosivas. Fruta+chile. Chocolate+chile. Nieves de rosa o de mezcal, si quieres enfriar tu garganta. Contradicciones que se juntan para poder subsistir.

15 días llenos de olores. Hay olores modernos y mecánicos en la ciudad. Humos, máquinas, progresos. Pero eso no quita para que en un instante, un fragmento de la calle se impregne de olor a flores, frutas, especias o animales. Cómo si ese lugar nunca se hubiera convertido en una gran ciudad. Cómo si por él no hubiera pasado el tiempo.

Olor a lo puro, a lo virgen, a lo humano.

15 días llenos de texturas. El áspero tejido del sombrero de palma, lo rugoso de la tortilla de maíz, lo suave de las frutas, lo rígido de las piedras de las pirámides, el tacto ancestral del barro, hecho por manos intactas. El de las ropas, fabricadas con hilos empapados de tradición. La trama de lo que nunca muere. De la esencia.

15 días en México disfrutando, precisamente, de esa esencia. 15 días dándole vida y gusto a los sentidos. 15 días viviendo lo que vale la pena vivir.

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