miércoles, 23 de diciembre de 2009

Hoy

Hoy me he despertado con ganas de luz tenue, de acompasarme con mi realidad y bailar con ella algún bolero de Manzanero…Aunque no se si podré, porque últimamente está desconocida y no se qué pasos sigue...

viernes, 13 de noviembre de 2009

Tocando tierra




Hoy quiero compartirles este programa. Porque hoy quiero hablar del folclore.
El folclore como una bandada de cantos, cuentos, enseñanzas, sonidos que migran y viajan a lo largo del tiempo y del espacio, que se alimentan de los frutos de los distintos lugares, que se estancan en un lugar para volver a su origen enriquecidos y con nuevos tintes y colores.
El folclore como aquel señor que se jacta de ser anciano y muchas veces de ser ignorado por los más jóvenes.
Y para mí, y en especial hablando de música, el folclore es clave en el entendimiento de los pueblos y la base del porvenir. Porque no hay renovación posible sin haber pasado antes por la tradición. Porque para llegar al cielo, primero, toquemos tierra.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

15 DÍAS




15 días llenos de color. El verde, el blanco y el rojo de la bandera. El naranja, azul rey y el rosa mexicano en rebozos, vestidos pero también en paredes, ventanas y puertas. El color lo envuelve todo, hasta lo estático, llenándolo de vida y movimiento.

El remolino de casas, tiendas y edificios, enredados como una serpiente emplumada de vivos tonos. Las calles, onduladas, revestidas de un halo cálido. Como sus colores, como su gente.

15 días llenos de sonidos. Trompeta, violín y guitarrón tejiendo la bandera y acompañando al mes patrio. La marimba envolviéndote con las nubes que dejan sus notas. La tambora tronando en tu cuerpo haciendo inevitable que se muevan tus pies. La cumbia, con su acordeón y su cadencia pausada y sensual.

Cláxones impacientes, silbatos autoritarios y motores se mezclan con dulces palabras y voces atentas en la ciudad. Silencio Imponente en Teotihuacán y Tula. Un silencio que viene del más allá y que sólo lo rompe, de vez en cuando, el suave eco de una ocarina.

15 días llenos de sabores. Aguas de frutas, sabrosas como sus nombres. Tequila y pulque que calientan tu garganta. Lo salado de la escarcha de las micheladas o clamatos. Lo picoso del chile manzano o habanero. Lo dulce del Chipotle. O de las gelatinas. Lo agrio de la crema. Lo amargo del limón.

Combinaciones explosivas. Fruta+chile. Chocolate+chile. Nieves de rosa o de mezcal, si quieres enfriar tu garganta. Contradicciones que se juntan para poder subsistir.

15 días llenos de olores. Hay olores modernos y mecánicos en la ciudad. Humos, máquinas, progresos. Pero eso no quita para que en un instante, un fragmento de la calle se impregne de olor a flores, frutas, especias o animales. Cómo si ese lugar nunca se hubiera convertido en una gran ciudad. Cómo si por él no hubiera pasado el tiempo.

Olor a lo puro, a lo virgen, a lo humano.

15 días llenos de texturas. El áspero tejido del sombrero de palma, lo rugoso de la tortilla de maíz, lo suave de las frutas, lo rígido de las piedras de las pirámides, el tacto ancestral del barro, hecho por manos intactas. El de las ropas, fabricadas con hilos empapados de tradición. La trama de lo que nunca muere. De la esencia.

15 días en México disfrutando, precisamente, de esa esencia. 15 días dándole vida y gusto a los sentidos. 15 días viviendo lo que vale la pena vivir.